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Padre Diego - Una corta historia

El Comienzo
Los CabreraMi familia es la fuente que me ayudó a reconstruir mi memoria, sobre todo los aspectos sepultados de mi vida. Por ellos aprendí que al morir mi madre cuando era muy niño me dejó en herencia un inquebrantable y terco amor por la vida. A los tres años, mi tía Aurora me llevó desde Camporredondo, Amazonas, al Noreste del Perú hasta Lima. Era difícil sostener tres nuevas bocas llegadas de la provincia y me puso en el Puericultorio Pérez Aranibar, en el Distrito de Magdalena del Mar, Lima.  

 El Puericultorio de entonces se compara a los “colegios emblemáticos” que hoy funcionan en Lima. La diferencia es que el Puericultorio estaba orientado a sacar los mejores talentos de entre los y las más pobres de Lima. Allí estudié la primaria y la secundaria y aprendí a vivir una fe de manera sencilla y humilde gracias al trabajo y testimonio de vida de los Clérigos de San Viator.

 El alejamiento Los CabreraA los 14 años me sentí olvidado y abandonado por Dios, por eso decidí abandonarlo también y me hice ateo. Terminando mi Servicio Militar Obligatorio, postulé e ingresé a la (UNMSM) Universidad Nacional Mayor de San Marcos, una de las más prestigiosas de América para estudiar Psicología. Por ocho años viví y aprendí muchas cosas lejos de la fe. Regresé a casa, gracias al trabajo de los jóvenes de la parroquia del barrio popular donde vivía. Mi vida de fe renació y aprendí a quererla y a desarrollarla poco a poco.

El Regreso
Los Cabrera Mi conversión la influenció la fe y fortaleza del sacerdote Francés Jean Marie Mondet, 1922-2004 (Canónicos Regulares de la Inmaculada Concepción), acusado de terrorismo y detenido 10 días en la prefectura de Lima, liberado por gestiones del embajador de Francia y poco después deportado. Se despertaba a las 5 a.m. y oraba con el rosario. Le dolía las injusticias de nuestras clases políticas y militares contra nuestros pobres. Si los policías nos golpeaban reclamaba por nosotros y recibía a cambio insultos del más grueso calibre. Compartía la sala de la prefectura con 50 a 90 personas detenidas a la espera de una acusación formal. 

1983 y 1987 fueron los peores años de la represión militar en el Perú. Ser acusado de terrorismo en el Perú era muy común, sobre todo si eras pobre o estudiabas en las universidades nacionales, especialmente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde por entonces yo estudiaba Psicologia.

Los CabreraLiberado me acerqué a la confesión en un templo del centro de Lima y seguí con mi vida pero más fortalecido. Los jóvenes de mi barrio, con su cariño, cercanía y sencillez, me devolvieron la certeza de que Dios nunca me había abandonado, era yo que creí haberlo abandonado.  Luego de tres años en la parroquia de Santa María del Carmen en Lima Norte, postule a la Sociedad Misionera de San Columbano, de origen irlandés. Me aceptaron y comencé a estudiar filosofía y teología en el Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET) Juan XXIII. 

Luego de una experiencia misionera de dos años en las Islas Fiji, en Oceanía, regresé a Lima a terminar mis estudios, el 95 fui ordenado sacerdote para los Misioneros de San Columbano. 

Dificultades
Los CabreraMuchas dificultades como misionero tuvieron que ver con los idiomas y las enfermedades. Cada nueva situación y realidad es siempre difícil pero desafiante. Aveces, me desanimaron y en algunas ocasiones quise tirar la toalla y abandonar el sacerdocio.  Las injusticias sociales me hacían preguntar si aún tenían valor lo que hacía, y en medio de ellas, Dios me vuelve a hablar una y otra vez en las personas que las sufren y eso me ayuda a recuperar los ánimos. La indolencia de las clases más ricas también desanima, pero la solidaridad de la gente los pueblos donde vivo y trabajo borra rápidamente el malestar y me hace caminar más cerca de ellos. Esto le da sentido nuevo a la cita de Pablo en su carta a los Romanos, 14-16: "Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Bendigan a los que los persiguen, Bendigan y no maldigan nunca".

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